Había una vez una oficina…
Siempre me he considerado una persona objetiva, creo que por eso mucha gente le gusta recibir un consejo de mi parte, en la mayoría de los casos me es fácil separar mis intereses para tomar decisiones…
Les voy a contar una historia, que es una de las tantas a anécdotas que muestran el porque me considero una persona diferente y esto me hace la vida mas difícil (tema que estoy escribiendo desde hace días para un nuevo post).
Había una vez una oficina de desarrollo de software que además de sus preocupaciones diarias de trabajo se sumaba una bastante “trivial”, el aire acondicionado. El aire de dicha oficina, no estaba bien distribuido, mientras unos se congelaban los demás se morían del calor. Un grandioso día todo se solucionó, cualquier sabio encontró la manera de reacomodar las rejillas de las dos únicas salidas de aire que les afectaba, y en conjunto con una reunión de recursos humanos donde todos declararon ante el jefe estar conformes con la reacomodación de las rejillas de aire acondicionado, llego la paz y la tranquilidad al recinto. Pasaron los días de felicidad hasta que un distinguido personaje de la oficina se enfermó y decidió reacomodar las rejillas de las dos salidas de aire todas mirando hacia un solo lado del recinto, y ya se imaginaran lo que sucedió, al otro día todos los damnificados de ese lado se veían forzados a usar cuanta chaqueta guante y gorro pudieran, el frió era insoportable. – aquí es donde yo me cuestiono, donde esta el pensamiento colectivo? Por que poner los intereses personales sobre los colectivos?- Y aquí aparezco yo, digamos que un día una desarrolladora pensó con sus pocas neuronas descongeladas que le quedaban, que el aire debía ser equitativo, que si bien estaba muy frió todos debían sentir el mismo frió y no solo los del lado derecho de la oficina, así que contó las rejillas, las dividió en tres y las reacomodo de forma equitativa hacia la derecha, izquierda y centro… La dicha solo duro un par de minutos pues tan distinguido personaje, el cual se recuperaba de su enfermedad, se levanto de su silla, se paró en un asiento, alcanzo las rejillas que apuntan hacia su lado y las cerró, sí señores las cerró. Si le ponemos un poquito de fundamentos básico de física al asunto, ya se podrán imaginar que paso con el aire que se dirigía hacia el centro y el lado opuesto a dicho personaje – Y aquí yo vuelvo y me pregunto, es muy difícil pensar en el bienestar general? Y porque yo siempre pienso así?.
October 13th, 2007 at 1:23 pm
La solución al dilema entre el bienestar general y el interés personal, es perseguir el equilibrio de Nash:
“Si hay un conjunto de estrategias tal que ningún jugador se beneficia cambiando su estrategia mientras los otros no cambien la suya, entonces ese conjunto de estrategias y las ganancias correspondientes constituyen un equilibrio de Nash.”
Eso significa que si un jugador se beneficia cambiando sólo su estrategia (ej: sus rendijas) sin cambiar la de las demás, quiere decir que no había un equilibrio.
La forma de alcanzar el equilibrio es iterar cambiando las estrategias de todos los jugadores hasta que se alcance el equilibrio. Eso ocurre en la naturaleza, y se usa para solución de disputas legales. El equilibreio siempre existe (está demostrado matemáticamente) y se puede alcanzar. La clave está en seguir intentando estrategias y en saber identificar cuando detenerse (cuando nadie pueda beneficiarse sin tener que cambiar estrategias ajenas).
Poner el “bienestar general” por encima del propio es un error, y grave, te lo digo por experiencia mía y de mis ancestros, es tan equivocado como poner el interés propio por encima del general.
La solución es: no pensar en escoger un extremo o el otro, hay ques que buscar el equilibrio. Y el equilibrio se logra es cambiando adaptativamente las estrategias en varias iteraciones. No se puede con fórmulas, porque nunca vas a poder tener en cuenta todos los factores (ej: dividir la cantidad de rejillas ignora factores de distancia, corrientes de aire, clima externo, etc)